Compramos la casa más grande, el coche más-grande-que-haya, la bicicleta más-moderna-y-mejor, la imprescindible tecnología de última generación, ropa y complementos de-moda, hacemos los viajes más exóticos, comemos fuera caro y mal… siguiendo así el estilo de vida que nos ha introducido la publicidad en la cabeza, creyendo que seremos felices… y sin embargo, resulta que la persecución de esa mentira nos obliga a tener empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Nos obliga a trabajar durante más horas, durante más días, en peores condiciones, con temor por nuestro futuro laboral, alejándonos más de la vida familiar y de nuestros hobbies, en una espiral sin fin que:
- en el peor de los casos genera más necesidades de las que podemos cubrir, convirtiéndonos en zombis financieros.
- en el mejor nos esclaviza de por vida, convirtiéndonos en la mierda cantante y danzante del mundo…
Tenemos más cosas pero cada vez menos tiempo para lo que realmente nos hace felices.
Y lo peor de todo: lo hacemos por nuestra propia y engañada voluntad. Seguimos creyendo en los cuentos. Acabamos aceptando -algunos incluso sin darse cuenta- la esclavitud como forma de vida, y hasta lo llamamos estado del bienestar. Nos mean y la prensa dice: llueve.
de jonhoa .
